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VIVE CON PROPÓSITO

Foto del escritor: Yanny Barrios
Yanny Barrios
31 mar 2025
7 min de lectura

El síndrome de la casilla marcada: Cuando el éxito no llena el vacío


¿Cuándo fue el momento en que te diste cuenta de que estabas marcando casillas pero el vacío seguía ahí? ¿Había algo concreto que lograste: un cargo, un proyecto, un reconocimiento externo, y aun así, al llegar a casa, sentiste que faltaba lo más importante?

Hay un tipo de cansancio que no viene de fracasar. Viene de lograr cosas, de cumplir metas, de sostener responsabilidades y de seguir avanzando. Viene de convertirte en alguien funcional, productiva y aparentemente "bien"... pero llegar a casa sintiendo que algo sigue faltando.


Y creo que una de las cosas más confusas de ese vacío es que aparece justo después de conseguir aquello que pensabas que te iba a hacer sentir completa: un ascenso, un reconocimiento, una meta económica o un proyecto terminado. Y aun así, algo dentro de ti sigue preguntando: ¿Y ahora qué?



Durante mucho tiempo pensé que el problema era que todavía no había llegado suficientemente lejos. Entonces seguía haciendo más: más metas, más planes, más trabajo, más movimiento. Me convertí en una experta en el checklist. Por fuera parecía funcionar, pero por dentro cada vez me sentía más lejos de mí.


No fue una crisis enorme; fueron cosas pequeñas que se fueron acumulando:


  • Sentirme cansada aunque siguiera funcionando en automático.

  • Lograr algo importante y no sentir casi nada.

  • No saber descansar sin culpa.

  • Necesitar estar ocupada todo el tiempo para no tener que pensar demasiado.

  • Dar demasiado hacia afuera mientras por dentro me vaciaba cada vez más.


Y quizás lo más difícil de admitir: que durante mucho tiempo mi valor dependió de cuánto hacía por otros o cuánto lograba producir. Ahí entendí algo incómodo: había aprendido a sostener mi vida, pero no necesariamente a habitarla.



Por mucho tiempo me sentí intimidada viendo cómo en las redes sociales se promueve el hacer más y más, a una velocidad que no tiene límite. Y en esa misma energía hice muchas cosas muy buenas, cosas de las que me siento genuinamente orgullosa. Pero al terminar, el vacío volvía.

Algunas veces todavía me descubro en ese mismo rol. Me exijo demasiado, avanzo a toda velocidad por inercia, y en algún punto tengo que obligarme a parar, respirar y reconocer una verdad incómoda: ese patrón de autoexigencia no tiene fondo. Es un pozo sin fin. Ningún logro externo, por más brillante que sea, va a llenar ese espacio, porque no es reconocimiento lo que mi alma está pidiendo.

El problema nunca fue querer crecer, ni tener ambición, ni querer expandirme. El problema era que estaba buscando afuera, en el aplauso y el resultado, algo que solo podía construirse en el silencio de mi propio espacio interno.


Y para serte completamente honesta, sostener esa coherencia me llevó a tomar una de las decisiones más difíciles de mi camino: poner ELEVATE en espera.


Decidí pausarlo porque me di cuenta de que estaba atrapada en la misma rueda que intentaba sanar. Estaba enviando mensajes que ni yo misma era capaz de sostener en el tiempo debido a la velocidad en la que vivía. Sentí que si continuaba, le estaría fallando a la verdad de mi proyecto, a mi misma y, sobre todo, a ti.


Comprendí que cada ser humano habita el mundo a un ritmo distinto y que yo necesitaba desesperadamente habitar el mío. Fue ahí cuando decidí que era momento de parar el ruido exterior para poder re-conectar con lo que de verdad importa.


Hoy, mi propósito sigue mutando, sanando y evolucionando. He aprendido que el propósito no es una estatua de piedra inamovible; es un organismo vivo que crece a medida que tú sanas.


Por un tiempo, mi propósito fue puramente familiar: sacar adelante mi relación de mamá a la distancia con el padre de mi hijo. Quería que mi hijo no cargara con el peso de nuestras decisiones; que pudiera crecer viendo que los adultos de su vida eran capaces de sostenerse con dignidad, madurez y amor, aunque las cosas no hubieran salido como se planearon en un inicio. Sostener ese bienestar y esa estructura para él fue mi motor absoluto.


Hoy, mi norte tiene que ver con algo más silencioso pero mucho más profundo: encontrar calma y paz real dentro de mí, para entonces poder desbordar eso mismo hacia mi hijo y mi pequeña gran comunidad.


Ya no se trata de avanzar más rápido, de acumular seguidores, ni de llegar más lejos en una carrera donde la meta siempre se mueve de lugar. Se trata de entender que el propósito es un traje hecho a la medida para cada persona. No siempre está vinculado a lo material ni a lo infinitamente productivo.

Por supuesto que quiero más; esa ambición sigue en mí y es completamente válida y honesta. Pero he aprendido a ver esa expansión no como una conquista, sino como una consecuencia de mi paz. Algo que se irradia desde adentro hacia afuera, y nunca al revés.

Cuando empecé a buscar respuestas, me di cuenta de que este vacío no es un fallo de fábrica en nosotras; es un fenómeno estudiado tanto por la ciencia como por las tradiciones espirituales más antiguas.


Desde la Ciencia y la Psicología:


La neurociencia explica que cuando logramos una meta (comprar algo, recibir un ascenso), nuestro cerebro libera dopamina, la hormona de la recompensa. El problema es que la dopamina da un subidón rápido pero cae inmediatamente, obligándote a buscar el siguiente estímulo para volver a sentirte bien. En psicología esto se llama adaptación hedónica: nos acostumbramos rápido a lo bueno y volvemos a nuestro nivel base de insatisfacción.


Además, la psicología humanista (como la logoterapia de Viktor Frankl) demuestra que el ser humano no se mueve por la búsqueda de placer o de éxito, sino por la búsqueda de sentido. Si tus metas solo llenan tu ego o tu cuenta bancaria, pero no conectan con tus valores profundos, el cerebro registrará el logro, pero el sistema emocional registrará vacío.


En casi todas las corrientes espirituales, el vacío no es visto como un enemigo, sino como un mensajero sagrado. En filosofías orientales como el Budismo o el Taoísmo, se habla de que el sufrimiento y la desconexión nacen del apego a las formas externas (títulos, estatus, posesiones).


La espiritualidad te dice que el propósito no es algo que "encuentras" en el futuro, sino algo que "recuerdas" en el presente. El vacío aparece para romper tu falsa identidad (la mujer que todo lo puede, la productiva, la perfecta) y obligarte a mirar al único lugar donde reside tu verdadera esencia: hacia adentro. Es el alma diciendo: Ya jugaste el juego del mundo, ahora te toca regresar a casa.


Las preguntas que me cambiaron el ángulo


No fueron preguntas cómodas. Justamente por eso fueron importantes. En algún momento de esa búsqueda tuve que sentarme conmigo misma y mirarme al espejo para hacerme preguntas que tocaban algo real:


  1. ¿Si nadie me aplaudiera por lo que hago, seguiría queriendo vivir esta vida?

  2. ¿Qué partes de mí he abandonado por estar demasiado ocupada sobreviviendo?

  3. ¿Qué me hace sentir viva? (No exitosa, sino viva).


No tuve respuestas inmediatas; muchas todavía las sigo descubriendo. Pero algo empezó a cambiar cuando dejé de intentar llenar el vacío haciendo más, y empecé a escuchar lo que ese vacío estaba intentando decirme.



De la teoría a la práctica: Cómo empezar a habitar tu propósito hoy


Si estás leyendo esto y te diste cuenta de que estás atrapada en el checklist, no necesitas cambiar tu vida por completo mañana por la mañana. El propósito no se encuentra pensando en abstracto; se descubre con pequeños experimentos cotidianos.




Aquí tienes tres pasos prácticos para empezar a bajar el ritmo y conectar contigo hoy:



  • Audita tu energía, no tu tiempo: Durante los próximos tres días, observa tu agenda. Nota qué actividades te dejan sintiéndote "viva" y cuáles te dejan "exitosa pero agotada". Tu propósito real siempre deja pistas en las cosas que te devuelven la energía, no en las que te la roban.


  • Elige un "micro-momento" de presencia: No tienes que meditar una hora en una montaña. Elige una sola actividad que ya hagas en automático —tomar tu café por la mañana, el camino a casa o el momento de abrazar a tu hijo— y oblígate a estar ahí con tus cinco sentidos. El propósito solo se puede escuchar cuando apagas el piloto automático.


  • Haz una cosa a la semana solo por el placer de hacerla: Lee un libro, camina sin rumbo, pinta o toma una clase sin buscar un resultado, una ganancia o un aplauso. Rompe deliberadamente el hábito de que todo lo que haces tiene que ser productivo o útil para alguien más.


Creo que muchas personas están agotadas no porque estén haciendo demasiado, sino porque llevan demasiado tiempo lejos de sí mismas. A mi me pasó y puedo dar fe de ello. Y cuando me dejo llevar por el ruido, me vuelve a pasar.


Es importante que seas consciente de que volver a ti no siempre empieza con una gran transformación. A veces empieza con algo mucho más pequeño: detenerte, escucharte y aceptar que quizás la vida que construiste hacia afuera no refleja completamente lo que necesitas por dentro.


Eso da miedo, porque implica cuestionar pilares que te costaron años construir. Pero también hay una libertad enorme en dejar de vivir únicamente marcando casillas. El éxito externo nunca va a reemplazar la conexión interna.


Quizás el propósito no era convertirnos en alguien impresionante hacia afuera. Quizás era, simplemente, aprender a sentirnos presentes dentro de nuestra propia vida.


Antes de cerrar, te dejo una última pregunta para reflexionar:

¿Cuánto de lo que haces nace realmente de ti, y cuánto nace de querer sentirte suficiente?



Con cariño,

Yanny Barrios elevatehoy.com




Nota: Cada persona es única y puede experimentar diferentes resultados al aplicar estas sugerencias. En consecuencia, te invito a que evalúes cuidadosamente tus circunstancias personales antes de tomar cualquier acción basada en los consejos contenidos en este Blog.

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yanny.barrios@elevatehoy.com

El contenido de este sitio se basa en mi experiencia personal y herramientas adquiridas durante mi desarrollo personal.

Ten en cuenta que lo que funciona para mí puede no funcionar igual para otros, y las recomendaciones no están respaldadas científicamente. Evalúa tus circunstancias antes de actuar según los consejos aquí presentados. Recuerda que este sitio no reemplaza el apoyo profesional, especialmente si necesitas atención médica o psicológica.

La salud mental es importante y debemos buscar ayuda adecuada si la necesitamos.

 

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